Emergency Medicine Archives - ³Ô¹Ï²»´òìÈ /es/tag/emergency-medicine/ ³Ô¹Ï²»´òìÈ produces in-depth journalism on health issues and is a core operating program of KFF. Fri, 28 Aug 2026 16:25:03 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.8.8 /wp-content/uploads/sites/8/2023/04/kffhealthnews-icon.png?w=32 Emergency Medicine Archives - ³Ô¹Ï²»´òìÈ /es/tag/emergency-medicine/ 32 32 161476233 Por qué a los peatones mayores les va peor en los accidentes de tránsito /es/noticias-en-espanol/por-que-a-los-peatones-mayores-les-va-peor-en-los-accidentes-de-transito/ Fri, 28 Aug 2026 09:00:00 +0000 /?p=2280844 Una mañana de agosto, hace dos años, Meredith Melville cruzaba Piedmont Avenue, en Oakland, California, para encontrarse con una amiga en un café. Mientras estaba en el cruce peatonal, vio un auto a cierta distancia.

Quizás calculó mal la velocidad, dijo, porque apenas había cruzado parte de la calle cuando el vehículo, un sedán Toyota, se abalanzó sobre ella.

“Ella debería haberme visto”, dijo Melville sobre la conductora. “De repente estaba ahí y yo no tenía forma de apartarme. Salí volando no sé cuántos pies”.

Algunas personas que pasaban se acercaron a ayudar; llegaron la policía y una ambulancia. Poco después, Melville, maestra jubilada, estaba en un hospital recibiendo tratamiento por múltiples fracturas.

 Los cirujanos le reemplazaron la cadera derecha y repararon la fractura de su codo derecho. Los médicos también le dijeron que probablemente pronto necesitaría un reemplazo de rodilla.

Después de una semana hospitalizada y un mes en rehabilitación, Melville, que entonces tenía 73 años, regresó a casa en silla de ruedas. Los fisioterapeutas la ayudaron a pasar gradualmente a un andador y luego a un bastón, pero “fue un proceso largo”, contó.

Todavía tiene dolor de espalda y rodilla y no ha podido retomar las caminatas y excursiones con mochila que tanto disfrutaba.

Aun así, cuando la gente le dice que tuvo suerte, Melville está de acuerdo. “Podría haber sido mucho peor”, dijo.

A menudo lo es.

Los peatones mayores, como Melville, no sufren lesiones causadas por vehículos a una tasa mayor que los más jóvenes, según de la Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras. Pero sí tienen más probabilidades de morir.

La tasa de mortalidad de los peatones mayores de 65 años es superior al promedio de todas las edades. Casi 8.200 peatones de 65 años o más resultaron heridos ese año —probablemente una cifra inferior a la real porque no todos los accidentes graves y lesiones aparecen en los informes policiales—. Más de 1.500 murieron. Y la situación no está mejorando.

Los investigadores señalan que los peatones mayores siguen siendo más vulnerables a las colisiones. “Se desplazan por las intersecciones a un ritmo más lento”, dijo Andrew Rundle, epidemiólogo de la Universidad de Columbia.

Las dificultades auditivas o visuales pueden hacer que tengan menos posibilidades de notar que se aproxima un vehículo o de responder a las señales de tránsito. Y como el tiempo de reacción disminuye con la edad, tienen menos capacidad para esquivar un automóvil que gira, circula a alta velocidad o no respeta una señal.

Físicamente, “tienen mayor fragilidad, pérdida de masa muscular y huesos más frágiles”, dijo Rundle.

Como resultado, “las consecuencias de las lesiones son astronómicamente diferentes a medida que uno envejece”, dijo Charles DiMaggio, epidemiólogo especializado en lesiones de la Facultad de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York. “Una fractura de cadera en una persona de 45 años es desafortunada. En una de 75, es trágica”.

Además, después de una marcada disminución de las muertes de peatones en todos los grupos de edad desde 1975 hasta mediados de la década de 2000, el progreso entre la población mayor se ha estancado durante casi 20 años.

Los muestran que, aproximadamente desde 2008 hasta 2024, la tasa de mortalidad de peatones de 70 años o más no solo fue más alta que el promedio para todas las edades, sino que “se ha mantenido obstinadamente estable”, dijo Rundle.

Un factor podría ser la exposición: los adultos mayores parecen tener cada vez más probabilidades de salir a caminar. El muestra que la proporción que dijo caminar como forma de ejercicio aumentó del 60% en 2011 al 65% en 2023. “Y los alentamos a hacerlo, porque la calidad de vida incluye la actividad física diaria”, dijo Stephen Mooney, epidemiólogo especializado en lesiones de la Universidad de Washington.

Además, la creciente popularidad de las grandes SUV y camionetas significa que “los vehículos que circulan por las carreteras se han vuelto más peligrosos” en comparación con los sedanes tradicionales, dijo Rundle. En junio, documentó cómo sus capós más altos y sus mayores puntos ciegos contribuían al aumento de las muertes.

La amenaza más reciente: el crecimiento explosivo del uso de bicicletas eléctricas. Es un término genérico que suele utilizarse no solo para las bicicletas con asistencia eléctrica que, pedaleando, pueden alcanzar 28 millas por hora, sino también para vehículos más pesados, más rápidos y, por lo tanto, más peligrosos, similares a motocicletas. La industria ha denominado a estos últimos e-motos.

“Las e-motos deben regularse como vehículos motorizados”, dijo Noah Miterko, de la asociación comercial PeopleforBikes, quien señaló que estados y ciudades están tomando medidas para controlar su venta y uso. Entre 2019 y 2022, la tasa de lesiones por bicicletas eléctricas , según un análisis de datos de salas de emergencia publicado en el American Journal of Public Health.

El fenómeno de la “micromovilidad”, o el aumento del uso de vehículos motorizados de dos ruedas, es tan reciente que los investigadores todavía no tienen datos nacionales sobre los riesgos que representa para los peatones.

En la ciudad de Nueva York, por ejemplo, los peatones siguen teniendo muchas más probabilidades de resultar heridos o morir en encuentros con automóviles, camionetas o camiones. El año pasado, la ciudad registró , 105 de las cuales involucraron vehículos motorizados.

Pero “mis colegas clínicos están dando la alarma”, dijo DiMaggio. “Los departamentos de emergencias y los equipos de trauma dicen que tenemos que prestar más atención” a las lesiones por bicicletas eléctricas.

Un factor que suele pasarse por alto en las muertes de peatones es . Entre los peatones adultos que murieron en accidentes nocturnos, alrededor de un tercio tenía niveles de alcohol en sangre que indicaban intoxicación; lo mismo ocurrió con aproximadamente el 20% de quienes murieron durante el día.

Desde hace años, funcionarios de salud pública advierten que los adultos mayores están .

“Es casi un punto ciego”, dijo Rundle. “Hablamos mucho de conductores ebrios”, pero menos de peatones intoxicados.

Sin embargo, los accidentes que causan lesiones y muertes se pueden prevenir, dijo Laura Sandt, codirectora del Highway Safety Research Center de la Universidad de Carolina del Norte. Las políticas de los gobiernos federal y locales han evolucionado desde la época en que las muertes de peatones “parecían simplemente parte del costo de conducir”, dijo.

De hecho, más de 200 municipios han adoptado el , una estrategia de salud pública centrada en programas y entornos que aumentan la seguridad vial para personas de todas las edades.

Entre los cambios que pueden salvar vidas se encuentran mejores diseños de las calles —islas peatonales, cruces, iluminación y extensiones de las aceras que hacen más visibles a quienes cruzan—; una programación más segura de los semáforos —que dé a los peatones ventaja antes de que giren los automóviles—; y límites de velocidad más bajos.

Un sobre los lugares donde mueren peatones mayores en colisiones encontró que el riesgo era considerablemente mayor en zonas con una alta concentración de destinos accesibles a pie para personas mayores, como hospitales y centros de salud, farmacias y centros para adultos mayores y comunitarios. Esto sugiere la posibilidad de desarrollar estrategias de tránsito específicas para esos vecindarios, similares a las enfocadas en las escuelas y sus alrededores.

La seguridad vial “no debería depender de que un peatón vea que viene un automóvil y salte para apartarse”, dijo Mooney, uno de los autores del estudio. “Nuestro trabajo es hacer que el sistema sea más seguro para todas las edades y capacidades”.

Melville, que no pudo saltar para ponerse a salvo, ahora “sale y hace cosas”, dijo. “No estoy como antes, y no sé si alguna vez lo estaré, pero puedo funcionar. Llevo una vida normal”.

Todavía extraña sus caminatas por Reinhardt Redwood Regional Park y la reserva Point Reyes National Seashore, dijo, pero “voy a volver a hacerlo”.

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Cuando una sala de emergencias está pensada para adultos mayores /es/noticias-en-espanol/cuando-una-sala-de-emergencias-esta-pensada-para-adultos-mayores/ Tue, 18 Aug 2026 11:44:24 +0000 /?p=2275142 Habían sido unos meses muy duros. En mayo, Cynthia Tompkins fue hospitalizada por osteomielitis —una infección en los huesos— y luego pasó seis semanas en un centro de rehabilitación. “Fue una lucha, y no me recuperé muy bien”, contó.

Tompkins regresó a su casa en San Diego, pero todavía tomaba antibióticos, además de varios medicamentos para la diabetes, el dolor y los coágulos sanguíneos. La muerte de su esposo el año anterior y, recientemente, la de su mejor amiga, la habían dejado desanimada.

A principios de julio apareció un nuevo síntoma: vómitos intensos en tres ocasiones en un período de unas 24 horas. “Estaba completamente agotada”, recordó. “Me sentía cada vez más débil”. Una amiga que estaba de visita llamó a una ambulancia.

“Es el último lugar al que uno quiere ir: la sala de emergencias, la ER”, dijo Tompkins, de 75 años, maestra jubilada y ex directora de un programa para familias. Imaginaba que pasaría horas en una camilla incómoda, en un pasillo frío. Así que cuando llegó de madrugada a la sala de emergencias de UC San Diego Health, en La Jolla, “estaba hecha un manojo de nervios”, añadió.

Pero el lugar era muy distinto de lo que esperaba. Desde 2022, todas las ER para adultos de San Diego están acreditadas como departamentos de emergencias geriátricas, rediseñadas para responder a los riesgos y necesidades específicos de estos pacientes. Estudios recientes muestran que este enfoque puede entre los adultos mayores, además de disminuir los costos.

“Me llevaron directamente a una habitación”, contó Tompkins. Allí la pusieron en una camilla con un colchón más grueso para prevenir las escaras y le dieron mantas. “Me pusieron una vía intravenosa de inmediato porque necesitaba líquidos”, dijo.

Le gustó que la pequeña habitación, separada por cortinas y con paredes que absorbían el sonido para reducir el estruendo habitual de la atención de emergencia, tuviera una silla acolchada para la amiga que se quedaría con ella y una ventana con vista a los árboles.

La ventana también cumplía una función médica. Los pacientes “pueden ver si es de día o de noche”, dijo Denise Valenzuela, la enfermera geriátrica de emergencias asignada a Tompkins. “Eso ayuda a prevenir el delirio”, explicó, el cambio repentino del estado mental que puede aparecer en adultos mayores hospitalizados y que aumenta el riesgo de demencia.

Enseguida “simplemente sentí tranquilidad”, explicó Tompkins. “Sentí que estaba donde necesitaba estar en ese momento”.

Desde 2017, el Colegio Estadounidense de Médicos de Emergencias ha otorgado acreditación a 624 departamentos de emergencias geriátricas en todo Estados Unidos, incluidos 73 en centros médicos del Departamento de Asuntos de Veteranos. “Es un ritmo de crecimiento bastante exponencial”, afirmó Kevin Biese, médico de emergencias que dirige la Geriatric Emergency Department Collaborative.

Son pocas las unidades que atienden exclusivamente a pacientes mayores. Muchos, como el departamento de emergencias de La Jolla, reciben a personas de todas las edades, pero incorporan prácticas y protocolos adaptados a los adultos mayores, en un entorno diseñado para prevenir la desorientación, las caídas y otros riesgos propios de la vejez. Se clasifican desde el Nivel 1, para las que cumplen con el mayor número de criterios, hasta el Nivel 3.

Los adultos de 75 años o más llegan a las ER , excepto los bebés: en 2022 hubo 76 visitas por cada 100 personas. Sin embargo, la atención de emergencia convencional “no fue diseñada correctamente para las necesidades de los adultos mayores”, argumentó Biese.

La misión de una ER tradicional es identificar rápidamente el problema principal y resolverlo, o ingresar al paciente al hospital para continuar el tratamiento. “Preguntamos: ‘¿Cuál es el motivo principal de la consulta?’”, dijo Biese. “El paciente se cayó por las escaleras y se quebró una pierna”, por ejemplo.

Sin embargo, los pacientes mayores rara vez llegan con un solo problema de salud.

Como Tompkins, la mayoría tiene varias afecciones crónicas, toma varios medicamentos y necesita distintos análisis y evaluaciones. Los equipos de emergencias geriátricas capacitados no se concentran solamente en la pierna fracturada, sino también en determinar qué fue lo que  provocó la caída y cómo prevenir otra.

“Un departamento de emergencias no evalúa de manera rutinaria el delirio ni el deterioro cognitivo”, explicó Ula Hwang, médica de emergencias e investigadora de NYU Langone Health. “Pero es una de las primeras cosas que hacen los departamentos de emergencias geriátricas”, junto con una revisión minuciosa de todos los medicamentos del paciente.

Las ER geriátricas también intentan contrarrestar las dificultades sensoriales, otro factor que contribuye al delirio, proporcionando anteojos para leer y dispositivos que amplifican el sonido. Atenúan las luces intensas y ofrecen antifaces y tapones para los oídos para facilitar el sueño. Si Tompkins hubiera olvidado su andador, la unidad le hubiera prestado uno.

Estos departamentos también buscan abordar un problema cada vez más frecuente en las ER: las horas, o incluso días, que los pacientes ya admitidos deben esperar para que haya una cama disponible que permita trasladarlos fuera de emergencias, una práctica conocida en inglés como boarding.

“El boarding prolongado ha aumentado entre los adultos mayores”, dijo Cameron Gettel, médico de emergencias e investigador de la Facultad de Medicina de Yale, en referencia a esperas que superan las tres horas. Gettel es coautor de un

Pasar más tiempo esperando una cama no es simplemente incómodo o inconveniente. Investigadores estudiaron a pacientes de 75 años o más en departamentos de emergencias de toda Francia. Encontraron que aquellos que permanecieron allí durante la noche antes de ser trasladados a una sala tuvieron una (15.7%) que quienes fueron ingresados en una unidad antes de la medianoche (11.1%). Pasar la noche en emergencias esperando una cama también se asoció con más caídas e infecciones.

Sin embargo, lo que el personal de emergencias geriátricas prefiere es ayudar a los pacientes a evitar por completo la hospitalización. “Ingresar al hospital puede no ser lo mejor para un adulto mayor”, sostuvo Hwang. “Podría ser lo peor”.

Los pacientes hospitalizados, explicó, están expuestos a infecciones, errores del personal y al rápido deterioro físico que puede ocurrir después de pasar varios días en cama. Todos estos factores representan una amenaza mayor para los pacientes de edad avanzada.

Estudios han encontrado desde los departamentos de emergencias geriátricas, pero la mayoría de estos trabajos se realizaron en uno o dos hospitales. Ahora, Hwang y su equipo utilizaron datos nacionales del estudio federal Health and Retirement Study y datos de facturación de Medicare de casi 4.600 adultos de 65 años o más, comparando a quienes fueron atendidos en departamentos de emergencias geriátricas con un grupo similar atendido en ER convencionales.

Las diferencias fueron contundentes: los pacientes atendidos en las unidades geriátricas tuvieron un y una reducción del 38% en la mortalidad durante los 30 días siguientes. Además, según otro estudio dirigido por Hwang, las ER geriátricas permitieron a hasta unos 3.000 dólares por visita.

Así que contar con más de  representa un gran avance pero también, en un país con , muchas oportunidades desaprovechadas, remarcó Biese.

“Animaría a la gente a preguntar por qué sus hospitales no tienen un departamento de emergencias geriátricas acreditado”, agregó. “Deberíamos exigirlo”.

En La Jolla, Tompkins comenzó a sentirse más fuerte. A través de la vía intravenosa recibió líquidos y medicamentos contra las náuseas, y se corrigieron las alteraciones de electrolitos que habían revelado sus análisis de laboratorio. Pudo beber pequeños sorbos de agua y jugo y comer algunas galletas.

Una serie de otras pruebas y estudios por imágenes no encontró problemas graves. Después de completar una evaluación geriátrica, Valenzuela, la enfermera, sospechó que Tompkins no había estado alimentándose bien y que tomaba sus medicamentos con el estómago prácticamente vacío.

Alrededor de las 6 de la tarde, Tompkins y su médico estuvieron de acuerdo en que podía volver a casa. Salió del hospital con números de teléfono a los que podía llamar si necesitaba más ayuda y varios miembros del personal la contactaron por teléfono posteriormente para saber cómo se encontraba.

“Mejor”, fue su respuesta. “Se ocuparon de mí como una persona integral y me encaminaron correctamente”, explicó Tompkins. “Estoy progresando. Es lento, pero estoy bien”.

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Niños pequeños terminan en emergencias médicas por consumo de opioides y analgésicos /es/noticias-en-espanol/ninos-pequenos-terminan-en-emergencias-medicas-por-consumo-de-opioides-y-analgesicos/ Mon, 31 Oct 2016 14:53:07 +0000 A medida que la nación sigue enfrentándose a una epidemia de adicción a los opiáceos y analgésicos recetados, y a sobredosis, sus víctimas parecen inundar las salas de emergencia. Pero un estudio publicado el lunes 31 de octubre destaca a un grupo de pacientes soprendente, que sufre de intoxicación por opioides en tasas que también han marcado un aumento dramático: adolescentes, niños e incluso niños pequeños.

Debido a lo que los autores llaman “la amplia disponibilidad actual de opioides recetados en los Estados Unidos” —con ventas de estos medicamentos cuadruplicándose de 1999 al 2010— ellos trataron de examinar por primera vez la tasa de hospitalizaciones pediátricas relacionadas con estas drogas.

Los resultados, dicen, indican una necesidad de estrategias exhaustivas que no sólo continúen disminuyendo las prescripciones de opiáceos, sino que también eleven la conciencia sobre el empaquetamiento y el almacenamiento seguro de estos analgésicos (painkillers en inglés).

“Es exposición. Ahora, los opiáceos son onmipresentes”, dijo Julie Gaither, becaria de post doctorado en la Yale School of Public Health y autora principal del estudio. “Bastantes opioides se prescriben cada año como para poner un frasco de analgésicos en cada hogar. Están por todas partes, y los niños se meten en ellos”.

Publicado en JAMA Pediatrics, el estudio analizó datos de hospitalización para niños entre 1997 y 2012, examinando más de 13.000 registros de alta hospitalaria para intoxicación por opiáceos, y utilizando datos del censo para extrapolar la frecuencia de estas sobredosis de opiáceos pediátricos. Utilizaron registros de altas recolectados cada tres años entre 1997 y 2012 por la Agency for Healthcare Research and Quality.

Una limitación posible: los datos se detienen en el 2012 y, por lo tanto, las tasas pueden no reflejar una inmersión o meseta debido a una mayor conciencia de la epidemia de opioides. Pero los hallazgos siguen con las tasas de abuso y adicción de adultos, que han bajado desde 2012, pero siguen siendo preocupantemente altas, dicen los expertos.

En general, los investigadores encontraron que las tasas para los niños hospitalizados debido a la intoxicación por opioides aumentaron durante el período de 16 años, de aproximadamente 1,40 por cada 100.000 niños a 3,71 por cada 100.000. Gran parte de eso probablemente sea un efecto de los niños que consiguen entrar en los gabinetes de medicinas de sus padres.

Específicamente, el estudio encontró que la tasa de niños pequeños hospitalizados se duplicó, pasando de 0,86 por 100,00 a 2,62 por 100.000. Muchos expertos especulan que estos pacientes muy jóvenes toman las drogas porque piensan que son dulces o algo bueno.

Los adolescentes también están en riesgo de sobredosis por los medicamentos de sus padres. De todos los niños, este grupo de edad tiene más probabilidades de ser hospitalizado por intoxicación por opioides, y es más probable que lo hagan de manera deliberada – probablemente, escribieron los investigadores, porque los adolescentes están particularmente en alto riesgo de depresión. En el 2012, 10,17 por cada 100.000 adolescentes fueron hospitalizados por intoxicación por opioides.

Es importante destacar que la investigación subraya la necesidad de que los médicos hablen con los pacientes sobre maneras de mantener los medicamentos seguros, especialmente si hay niños en el hogar, dijo Gaither.

Esa es una buena idea en teoría, dijo Jonathan Chen, un instructor de la Stanford School of Medicine que ha investigado la cuestión de los opioides. Pero los médicos ya se enfrentan a una larga lista de temas sensibles que deben discutir con los pacientes. Y no siempre están condicionados a considerar cómo los patrones de salud de un paciente pueden interactuar con el resto de la familia.

“Conceptualmente, sí, por supuesto que debería ser parte de la conversación”, dijo Chen. “Pero hay muchas cosas que debemos discutir… cuando hablo con un paciente, los conceptualizo y no conceptualizo quién más está en su hogar tanto como debería”. Chen no estuvo involucrado en el estudio.

Medicine Healthcare Symbol. Black African boy holding pills to cure diseases. Unfortunately, in Africa there are lots of diseases like malaria, pneumonia, AIDS or simple Diarrhoea. Thereforem, medicine and healthcare pills are very important in the black continent.
Medicine Healthcare Symbol. Black African boy holding pills to cure diseases. Unfortunately, in Africa there are lots of diseases like malaria, pneumonia, AIDS or simple Diarrhoea. Thereforem, medicine and healthcare pills are very important in the black continent.

Los pediatras también podrían desempeñar un papel, preguntando a los padres en las visitas de niños y bebés sanos sobre si existe el riesgo de que los niños estén expuestos a opioides. Sin embargo, los médicos no han practicado este tipo de detección de la misma manera en la que discuten otros riesgos domésticos, como el almacenamiento seguro de los suministros de limpieza, si la familia tiene una piscina e incluso si hay armas en el hogar.

Los médicos también pueden no estar condicionados a considerar a los niños pequeños como particularmente en riesgo de intoxicación por opioides.

“Esto se ve en gran medida como un problema de adolescentes o un problema de adultos”, dijo Sharon Levy, que dirige el programa de abuso de sustancias para adolescentes en el Boston Children’s Hospital y es profesora asociada de pediatría en la Harvard Medical School. “Pero este artículo resalta que esto realmente no conoce fronteras de edad”. Levy tampoco participó en el estudio.

Tampoco está claro, dijo Levy, cuáles son los efectos a largo plazo para la salud de los niños que ingieren opioides que no les recetaron. Las personas más jóvenes en general están en mayor riesgo de adicción. Y los niños pequeños que toman estos fármacos en dosis para adultos enfrentan el peligro de complicaciones respiratorias graves.

“Los opioides causan supresión respiratoria”, dijo. “Si usted es una persona de 30 libras y consume medicación que se suponía que era para una persona de 150 libras, va a ser una dosis enorme para usted”.

Los resultados también sugieren que los médicos deben pensar más a la hora de prescribir a niños, y especialmente a adolescentes. Alrededor de 1 de cada 10 estudiantes de secundaria informa haber tomado opiáceos por una razón no médica, y cerca del 40 por ciento de ellos dicen que obtuvieron esos fármacos a través de una receta médica previa propia. Mientras tanto, señala la Academia Americana de Pediatría, la tasa de pacientes jóvenes a los que se le prescriben opiáceos casi se duplicó entre los años 1990 y 2000.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) han estado presionando a los médicos para que prescriban píldoras en cantidades menores, para que la gente no termine encontrándolas y consumiendo las que quedan. Eso podría ayudar. Las prescripciones grandes —junto con el hecho de que muchas personas no saben cómo deshacerse de las drogas si sobran— pueden hacer que sea más fácil para los niños y los adolescentes obtenerlas, dijo Gaither.

Ese es un factor importante a considerar, dijo Chen. “Las píldoras sobrantes no se usan, pero ¿se devuelven a la farmacia o se tiran a la basura? No. Están almacenadas en el gabinete de medicamentos.

Las prescripciones más pequeñas probablemente ayudarán, pero no resolverán todo, señaló Chen. Después de todo, hay situaciones en las que una mayor dosis de opioide tiene sentido. Por ejemplo, alguien que sufre de cáncer a largo plazo, probablemente necesita una mayor cantidad de analgésicos fuertes, incluso si tiene hijos en la casa.

Pero los niños deben ser parte de la conversación, dijo Gaither.

“Tenemos que prestar atención a los niños y al daño que esta crisis les está causando”, dijo. “Los niños constituyen alrededor de un cuarto de la población de los Estados Unidos, y también están sufriendo esta crisis”.

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