Mientras políticos discuten sobre China, pacientes estadounidenses encuentran allí tratamientos de vanguardia

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A view of hundreds of people walking a street in Shanghai, China.
Peatones en Shanghai. Max Doppelt voló a la ciudad para conseguirle a su madre, Debbie Doppelt, una nueva provisión de su medicamento especializado para el cáncer de pulmón. (iStock/Getty Images)

Hasta hace poco, un residente de Manhattan no tenía que ir muy lejos, solo unas cuadras, para encontrar los tratamientos contra el cáncer más sofisticados del mundo. Desde 1990, los medicamentos estadounidenses de última generación han contribuido a reducir la tasa de mortalidad por esta enfermedad, y los hospitales de la ciudad de Nueva York ofrecen algunos de los mejores servicios de atención médica del país.

Pero en enero de 2025, los sistemas de salud de la ciudad no tenían buenas opciones para Debbie Doppelt, una joyera de 60 años con una forma poco común de cáncer de pulmón que afecta principalmente a personas que, como ella, no fuman.

La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) todavía no había aprobado el sunvozertinib, un medicamento desarrollado en China que actúa sobre la mutación responsable de los tumores de Doppelt. Ya se había sometido a quimioterapia y cirugía, pero el cáncer se había extendido al cerebro. Y no reunía los requisitos para participar en los ensayos clínicos correspondientes.

Entonces surgió una posibilidad, a partir de un comentario casual.

“Qué lástima que no sea china”, le dijo un médico a su hijo Max Doppelt, quien había organizado la atención médica de su madre desde que recibió el diagnóstico en 2023. “Podría ir a una farmacia en China y comprarlo”.

En cuestión de horas, madre e hijo se comunicaron con amigos y familiares. Uno de ellos consiguió una pequeña cantidad de sunvozertinib a través de un contacto que vivía en China. Unos meses después, Max voló a Shanghai para conseguir más medicamento.

Otros pacientes han seguido el mismo camino. “Ninguna organización ni ningún médico está enviando a los pacientes a China, pero la información circula”, dijo Max. Según contó, conoce al menos a 30 estadounidenses que han hecho el viaje para conseguir el medicamento que la FDA aprobó en julio de 2025 y que, para mediados de octubre de este año, todavía no estaba disponible en el mercado estadounidense .

El sunvozertinib, fabricado por la Dizal Pharmaceutical, con sede en Shanghai, no es el único tratamiento que está atrayendo pacientes a China. Estadounidenses, europeos y personas de otros países viajan allí para participar en ensayos clínicos de la terapia CAR-T, un campo en el que China es .

China, que hasta hace poco era conocida principalmente como proveedora de sustancias químicas utilizadas para fabricar medicamentos y de fármacos genéricos, se ha convertido en una potencia biotecnológica.

En 2025, concentró de los nuevos medicamentos sometidos a pruebas en todo el mundo. Las compañías farmacéuticas estadounidenses prueban allí nuevas terapias y firman contratos multimillonarios con empresas chinas para desarrollar y comercializar sus medicamentos.

El avance de China ha alarmado a algunos políticos, que advierten sobre la pérdida de empleos y la dependencia estadounidense de los medicamentos chinos. En junio, la administración Trump puso en marcha la Operación TrialBlazer, destinada a acelerar algunos procesos regulatorios de la FDA para atraer nuevamente al país más ensayos clínicos.

Los malos resultados de China en el desarrollo de vacunas y medicamentos durante la pandemia de covid llevaron al país a transformar su sector biotecnológico, lo que modificó drásticamente la industria mundial, dijo Sam Rasty, veterano de pequeñas empresas de biotecnología que ahora dirige una llamada FynderBio.

Actualmente, grandes cantidades de capital de riesgo se destinan a las primeras etapas de la investigación clínica en China y Australia, donde los sistemas regulatorios permiten realizar estudios fundamentales por primera vez en seres humanos mucho más rápido que en Estados Unidos.

Las empresas chinas avanzan tan rápido en este proceso que las compañías biotecnológicas estadounidenses, que antes compartían sus primeros avances en conferencias o reuniones con posibles inversionistas, ahora suelen ocultar sus progresos por temor a que sus competidores se apropien de sus ideas y las lleven más rápidamente al mercado, señaló Steve Potts, CEO de Breakthru Medicine, una pequeña empresa biotecnológica.

En una reunión a la que asistió en mayo, casi todos los 60 CEOs de empresas biotecnológicas presentes tenían previsto realizar ensayos de fase 1 en Australia, Europa o China, dijo Potts. Hace cinco o 10 años, la mayoría de esos ensayos se habría realizado en Estados Unidos.

Los requisitos “lentos y prohibitivos” de la FDA están desviando las inversiones hacia empresas chinas más ágiles, advirtió Heidi Overton, nominada por el presidente Donald Trump para dirigir la agencia, en su declaración inicial durante la audiencia de confirmación del 24 de septiembre.

El traslado de ensayos clínicos al extranjero “debería hacer reflexionar a todos los estadounidenses y a quienes los representan”, dijo Overton. “Cuando perdemos esta ventaja, perdemos la seguridad de nuestra salud. Y cuando perdemos la seguridad de nuestra salud, lo perdemos todo”.

Overton prometió continuar con TrialBlazer, que sigue el modelo de procesos australianos iniciados en 1991. La iniciativa busca acelerar los ensayos clínicos y las aprobaciones para que los pacientes no se sientan obligados a buscar tratamiento en el extranjero, dijo Emily Hilliard, vocera del Departamento de Salud y Servicios Humanos. En ocasiones es legal obtener medicamentos en el extranjero para uso personal, pero la FDA “advierte a los pacientes sobre los posibles riesgos de seguridad y calidad asociados con los tratamientos que están fuera de nuestro sistema regulatorio”, agregó.

Mientras la FDA avanza para simplificar el desarrollo de medicamentos, algunos miembros del Congreso intentan frenar la integración de las empresas chinas en la industria biotecnológica estadounidense.

En junio, el representante John Moolenaar, republicano de Michigan y presidente del Comité Especial de la Cámara de Representantes sobre el Partido Comunista Chino, copatrocinó junto con la representante Debbie Dingell, demócrata del mismo estado, un proyecto de ley que exigiría que todos los acuerdos entre compañías farmacéuticas estadounidenses y empresas chinas fueran autorizados por el Departamento del Tesoro.

Max Doppelt se ha encargado de organizar los cuidados para su madre, Debbie Doppelt, desde que a ella le diagnosticaron cáncer en 2023. (The Doppelt family)

Otros consideran que el proteccionismo en biotecnología es un error. El interés de China en desarrollar mejores medicamentos solo puede beneficiarnos, dijo Peter Kolchinsky, socio gerente de RA Capital Management, que tiene inversiones en empresas biotecnológicas chinas.

“Podemos ser adversarios en muchos ámbitos, pero no estamos compitiendo con ellos para curar el cáncer. Estamos colaborando con ellos para curar el cáncer”, agregó. “Hay cosas que son enemigos mucho mayores que cualquier nación del planeta”.

El cáncer no conoce de fronteras

Una tos leve pero persistente llevó al diagnóstico de cáncer de Debbie Doppelt a fines de 2023. La quimioterapia, la inmunoterapia y la cirugía lograron mantener la enfermedad bajo control durante meses; pero en diciembre de 2024, los estudios por imágenes mostraron que el cáncer se había extendido al cerebro, donde había diez tumores diminutos.

A principios de ese año, la FDA había aprobado el amivantamab, un medicamento dirigido a la mutación responsable del tumor de Doppelt, pero a su hijo Max le preocupaba la toxicidad del fármaco. Además, varios médicos a los que consultó le dijeron que era posible que el amivantamab no penetrara en el tejido cerebral para combatir allí el cáncer.

Doppelt intentó participar en un ensayo clínico de zipalertinib, otro medicamento dirigido a su mutación, en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center, donde era paciente. Pero en enero de 2025, los Doppelt se enteraron de que una pequeña cicatriz en sus pulmones la hacía inelegible para el estudio.

Eso dejaba como alternativa el sunvozertinib, aprobado en China en 2023. También se estaba probando en Estados Unidos, pero únicamente en ensayos de etapas avanzadas en los que la mitad de los participantes recibía solo quimioterapia. Para Doppelt, cuyo cáncer ya había logrado resistir ese tratamiento, correr ese riesgo no era una opción.

Así que Max voló a Shanghai y regresó con 26 cajas de sunvozertinib en su equipaje. Los medicamentos costaron alrededor de 10.000 dólares, dijo.

“Subirme al avión y traer el medicamento a casa lo viví como si fuera la razón de mi existencia”, dijo Max. “Los datos eran muy claros: este medicamento tenía una eficacia significativa en el cerebro. Con cualquier otra cosa que ella intentara, quizá no sobreviviría ni un año”.

El 1 de septiembre de este año, AstraZeneca firmó un acuerdo con Dizal para distribuir el medicamento en todo el mundo y tiene previsto ponerlo a disposición de los pacientes en Estados Unidos a principios de 2027, afirmó la vocera Tara Parsell.

Doppelt, que dirige un negocio de diamantes junto con su esposo, ha intentado mantenerse positiva y saludable, y casi no ha faltado ni un día al trabajo desde su diagnóstico en 2023. Dijo que está agradecida por contar con una comunidad que la quiere y con los recursos económicos para acceder a las mejores terapias disponibles.

“Creo que he logrado vivir, sin duda, tres años maravillosos”, dijo. “En cierto sentido, incluso mejores que los tres años anteriores, a pesar de todo, porque uno aprende a valorar muchísimo cada cosa”.

Los padres de Doppelt sobrevivieron al Holocausto. “Siempre decían: ‘¡Qué rico está este pedazo de pan! ¿Sabes lo que es pasar hambre?’”.

La búsqueda de ayuda para su madre le dio a Max, un ingeniero informático de 30 años, una idea para ayudar a otros pacientes a encontrar el tratamiento adecuado que, en casos de cáncer avanzado, puede ser un ensayo clínico.

Hace un año, dejó su trabajo en el sector tecnológico y que utiliza inteligencia artificial para combinar datos de sitios web de investigación y compañías farmacéuticas con las historias clínicas de los pacientes, con el fin de ayudarlos a encontrar el estudio adecuado.

Se están utilizando aplicaciones similares para ayudar a las compañías farmacéuticas y los sistemas hospitalarios a aumentar el porcentaje de pacientes estadounidenses con cáncer que participan en ensayos clínicos de tratamientos, actualmente . Esto también fortalecerá la industria farmacéutica estadounidense, dijo Kent Thoelke, director ejecutivo de , cuya empresa ofrece un programa de inteligencia artificial diseñado para ayudar a hospitales y clínicas a inscribir participantes en ensayos clínicos.

Unos 300 pacientes han utilizado la aplicación de Max. Hasta ahora, todos sus clientes, a quienes no les cobra, han sido pacientes con cáncer de pulmón, como su madre. Según Max, el sunvozertinib parece ayudar aproximadamente a la mitad de quienes lo toman.

Una mujer de 70 años a la que Max había ayudado consiguió a principios de este año en China una provisión del medicamento para seis meses, pero después de tres meses se enteró de que no estaba funcionando. “Mi cáncer se había extendido”, afirmó la mujer, a quien ³Թϲ»´òìÈ aceptó no identificar para proteger su información médica sensible.

“Haré todo lo que esté a nuestro alcance”

Doppelt ha respondido bien al medicamento. Unos 19 meses después de comenzar a tomarlo, su cáncer seguía mayormente bajo control, con la ayuda de algunas sesiones de radioterapia y ajustes en las dosis.

Los planes de AstraZeneca para distribuir ampliamente el sunvozertinib significarían que ya no serían necesarios los viajes a China. Pero Max no se hace ilusiones de que el medicamento le vaya a funcionar a su madre para siempre.

“Ella tiene un cáncer metastásico que aprenderá a evadir el efecto del medicamento”, dijo. “En ese momento dependeremos de las terapias más nuevas y avanzadas. Si están en China, haremos todo lo que esté a nuestro alcance para ir allí”.

Una tarde reciente, en su departamento del Upper East Side de Manhattan, Max examinó las opciones actuales de ensayos clínicos para su madre. Abrió su perfil en la aplicación y recorrió una lista que clasificaba los centros donde se realizaban ensayos según qué tan adecuados eran para ella y su cercanía.

“Este parece bueno”, dijo, señalando un ensayo clínico de firmonertinib, un medicamento aprobado por China en 2021 que se está estudiando en Estados Unidos y otros países.

La terapia CAR-T es otra posibilidad, particularmente una variante desarrollada por la Universidad de Colorado para potenciar la respuesta inmunitaria de los pacientes contra mutaciones como las que impulsan el cáncer de Doppelt.

Pero Kyle Concannon, uno de los responsables del equipo de investigación de Colorado, advirtió que la incertidumbre regulatoria ha frenado sus avances.

A medida que nuevas herramientas permiten realizar evaluaciones sofisticadas de aspectos como la toxicidad y la distribución de los tratamientos en los tejidos, también aumentan el tiempo, los costos y los riesgos asociados con el desarrollo de la terapia. Estas tecnologías pueden ser mejores para detectar posibles daños, “lo cual es bueno”, dijo Concannon, “pero la alternativa a un medicamento nuevo, cuando se trata de una enfermedad como el cáncer de pulmón, es que las personas morirán a causa de su enfermedad”.

Max Doppelt y otros defensores de los pacientes, aunque presionan para que la FDA acelere sus procesos, no quieren descartar la posibilidad de seguir viajando a China para conseguir medicamentos.

“Cuando los medicamentos están aprobados en China, pero no en Estados Unidos, por supuesto que recurriremos a la opción china cuando sea necesario”, dijo Marcia Horn, directora ejecutiva de la organización sin fines de lucro International Cancer Advocacy Network. “Hay vidas que dependen de ello”.

Max preferiría que los medicamentos que necesita su madre se desarrollaran en Estados Unidos. Pero también se opone a cualquier intento de excluir a la industria biotecnológica china.

El descubrimiento de nuevos medicamentos que permiten salvar vidas “realmente nos une”, dijo. “Al fin y al cabo, todos somos seres humanos”.

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